Paseos por La Mancha húmeda y cervantina
Con Azorín y la colaboración de Antonio Machado, Ciro Bayo y Miguel de Unamuno

"A la hora del crepúsculo es cuando más enamora la llanada" Ciro Bayo en Lazarillo español

© Por Javier Leralta


 
Castilla, la vieja Castilla de Azorín, Machado, Unamuno y tantos otros, fue una tierra cantada y llorada por la Generación del 98. Sobre todo la Castilla seca, la de las llanuras infinitas y horizontes extremos. La de campos roturados de vid y pueblos de ventas y bodegas. José Martínez Ruiz, alias Azorín, se fijó en ella e inventó relatos de misticismo y soledad para definir un paisaje desnudo y pobre de siluetas. Para este paseo cervantino y natural se ha tomado como referencia literaria la obra de Azorín La Ruta de Don
Quijote, recopilación de artículos periodísticos que repasa la Mancha de principios de siglo.Antes, Miguel de Unamuno en su Vida de Don Quijote y Sancho había puesto las bases espirituales del trabajo de Azorín; después Antonio Machado dedicó un hermoso homenaje al autor de Castilla y Ciro Bayo, buen amigo de las excursiones, relató en su Lazarillo español momentos manchegos. La ruta se completa con un recorrido alternativo por la Mancha húmeda y sorprendente.

Da gusto madrugar en estos pueblos blancos que salpican la Mancha cervantina. El cielo entreverado de delgadas nubes blancas, la brisa fresca y las primeras luces del sol iluminando los aleros de las casas invitan a conocer el secreto encanto de la mañana. Una pareja de golondrinas entra y sale con prisas de su particular vivienda adosada a una cornisa y entre tanto la vida despierta. Se abren los primeros portalones y patios y el murmullo de las ventas rompen el silencio del alba. Azorín conoció estos ambientes manchegos en marzo de 1905 con ocasión de un encargo de José Ortega y Munilla, director del diario El Imparcial para más señas. Otros en cambio prefirieron el ocaso, como Ciro Bayo, pendiente del cielo "iluminado por la luna blanca y enorme". Todo menos el abrasador latigazo del sol despierto y desayunado.

PRIMERA ETAPA: DE ARGAMASILLA A PUERTO LAPICE
Cuenta el maestro de Monóvar en sus crónicas de viaje que llegó en carro a Puerto Lápiche o Puerto Lápice procedente de Argamasilla de Alba, aquel lugar de la Mancha que cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes. Aquí dejó su maleta y se preparó para recorrer algunos de los escenarios aventureros de don Quijote con la intención de desnudar los paisajes y las gentes que por aquellos años se morían de sed. Era una España deshidratada, sin suerte, sin trabajo, a la espera de agua, con unos campos ricos en buen vino ¡metáforas de la vida! que servían para aplacar la sed de los viajeros. Antes de llegar a Puerto Lápice, lugar de la primera correría de Alonso Quijano, pasó por Villarta de San Juan, recostado junto a la carretera de Andalucía. Actualmente el mayor encanto de este pueblo blanco -como la mayoría- es el puente romano sobre el río Cigüela, una gran obra de 300 metros de largo y de 5 de ancho reformado en tiempos de Felipe ll.

 

Cueva de Medrano

 

Plaza de Puerto Lápice

 

Venta de Don Quijote

 

Molinos de Campo de Criptana

Estos campos manchegos carecen de retórica, de prosa paisajística, de elementos sobresalientes que animen el viaje. Horizontes infinitos que se confunden con el azul cielo y los campos de sarmientos y surcos. "Así y todo, esa vasta extensión tiene su belleza, hasta diría sus encantos; son los efectos de luz de deslumbrante intensidad" lo que alegra los pueblos y tierras manchegas, lo que cautivó la visión de Ciro Bayo al pasar por los caminos del hidalgo caballero.

Cuenta el narrador del Quijote que después de caminar todo el día encontró "no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella". Aquella venta se levantaba en la quintería de Puerto Lápice, lugar que dependió de Villarta, Herencia y Arenas hasta mediados del siglo pasado, que alcanzó término propio. Azorín llegó a la posada de Higinio Mascaraque después de 10 horas de pesado viaje por caminos inventados. Posiblemente estuvo un día, o quizá menos, lo justo para descansar, dormir y visitar las huellas de la venta donde don Quijote se hizo armar caballero.

Poco ha cambiado el pueblo desde entonces. Hoy sigue ofreciendo aquel trazado urbano de "calle ancha, de casas altas, bajas, que entran, que salen, que forman recodos, esquinazos, rincones" que describiera Azorín; incluso se mantiene en pie la posada de Higinio Mascaraque, ahora llamada de Dorotea Jiménez. Pero su mayor atractivo es la Venta de Don Quijote, edificio del siglo XVlll, ampliado, reformadillo, de patio blanco y añil, cargado de recuerdos cervantinos, labriegos y turísticos, lugar incondicional de visitas niponas. Completan la primera parada del camino una buena reconstrucción de plaza manchega y corral de comedias con galerías corridas de dos plantas teñidas en almagre, y los sobrios portalones de madera con recias aldabas de hierro colgando repartidos a ambos lados de la vieja carretera de Andalucía. Destaca del texto azoriniano la importancia que le dedica a la descripción de la mujer manchega, "garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta casada" que cantara otro ilustre compañero de viajes, Antonio Machado.

Escultura de Don Quijote en Alcázar de San Juan

Casa natal de Cervantes para los vecinos de Alcázar de San Juan

Esculturas de Dulcinea y Don Quijote en El Toboso

 

SEGUNDA ETAPA: POR LAS LAGUNAS DE VILLAFRANCA Y ALCAZAR
Herencia es la siguiente referencia del caminante y comienzo de la Mancha húmeda, uno de los ecosistemas más valiosos de la península por distintos motivos. Se trata de la región natural más grande del país por sus humedales, láminas de aguas estacionales de carácter salino de gran importancia para la migración y criadero de aves acuáticas.
Existen dos núcleos de visita para profundizar en los valores medioambientales de este enclave. El primero se localiza a lo largo de la carretera que une Herencia y la localidad toledana de Lillo, junto a las cuencas de los ríos Riansares y Cigüela. Dentro de este sector destacan por su importancia y aprovechamiento humano las lagunas Grande de Villafranca, centro turístico por su balneario, playas y camping, la de Taray, privada, y las de Tírez y Peña Hueca, cerca de Villacañas. El otro sector se encuentra junto al pueblo de Pedro Muñoz.
A la salida de Puerto Lápice, por la carretera de Cuenca, el paisaje es menos comprometido y más generoso. El olivo, la coscoja, la encina comparten suelo y luz con la vid y hasta la tierra se pliega y se levanta con suaves ondulaciones.
De Herencia no aparece una palabra en el cuaderno de viaje de Azorín pero forma parte de la Mancha cervantina y es lugar de parada y excelente queso. Sus principales bienes artísticos son las iglesias de la Concepción y de la Merced, escenarios barrocos que merecen un alto. La primera es de nave única, bóveda de cañón y hermosos retablos, sobre todo el mayor, y la segunda perteneció al viejo convento de frailes mercedarios cuya fundación atribuyen en el pueblo a don Juan de Austria, hermano de Felipe ll. El edificio se divide en tres naves con cúpula de tambor, bóvedas de cañón y arista y claustro compartido con la autoridad municipal.

Después de observar algunos humedales y el patrimonio de Herencia se llega a Alcázar de San Juan, municipio rico en bodegas, en cooperativas, y capital geográfica de la Mancha como la definió nuestro cronista. "¿Habrá otro pueblo, aparte éste, más castizo, más manchego, más típico, donde más intimamente se comprenda y se sienta la alucinación de estas campiñas rasas, el vivir doloroso y resignado de estos buenos labriegos, la monotonía y la desesperación de las horas que pasan y pasan lentas, eternas, en un ambiente de tristeza, de soledad y de inacción?". Con este sentir tan profundo y verdadero narrada Azorín su contacto con las gentes y calles de Alcázar, un pueblo de "calles anchas, espaciosas, desmesuradas" y casas "bajas, de un olor grisáceo, terroso, cárdeno".

Atardecer en las lagunas de Villafranca

Campo de San Juan, apellido de la Mancha de Ciudad Real, viejas posesiones de caballeros y comendadores que dominaron estas tierras planas y fértiles. Todavía hay vecinos que defienden la idea de que Cervantes nació en este lugar y hasta existe una placa que recuerda el posible escenario donde se levantó su casa natal. ¿Dónde si no?, se preguntaban aquellos personajes que compartieron con Azorín momentos de charla y crítica. Crítica hacia unos hombres, unos académicos que habían decidido la cuna de don Miguel fuera de la Mancha. Una especie de dolor, de sentimiento frustrado, de orgullo local se desprendía de aquella tertulia de pueblo. Alcázar fue el último lugar visitado por Azorín antes de cerrar su Ruta de Don Quijote. Sitio de memoria lejana, de huellas celtíberas, romanas y árabes.


Su apartado monumental es notable. Empieza el paseo en la plaza de Santa María, escenario principal de la villa donde coinciden la iglesia de Santa María la Mayor, del Xlll, con tres naves de sabor románico y mezclas renacentistas y barrocas; el torreón del palacio del Gran Prior de los Hospitalarios y la capilla palacial, ambas dependencias dedicadas a mostrar la heráldica local y los mosaicos encontrados en la villa romana de Alcas, citada por Tito Livio.
Se completa la visita con los templos de Santa Quiteria, San Francisco, una de las más elegantes, Santa Clara y Santísima Trinidad, todos ellos nacidos en tiempos góticos, renacentistas y barrocos. Y queda para el final las bodegas aparecidas bajo el mercado municipal, la estación de ferrocarril, construcción de los años veinte, y los molinos vivienda de los cerros de la Horca y San Antón, vecinos de aquellos gigantes que viera el hidalgo manchego. Alcázar es hoy un pueblo grande, próspero, rico, industrial, como una capital de provincia, de mucha actividad comercial y pocos momentos para la calma.

ULTIMA ETAPA: DE CAMPO DE CRIPTANA A EL TOBOSO
En Campo de Criptana todo el horizonte lo invaden los molinos. "La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer...". Son palabras de don Quijote a su fiel amigo. La locura, el afan de aventura y los sueños de caballero llevaron al caballero manchego a Campo de Criptana, localidad que dista 7 kms. de Alcázar. "Mar bermejo de la llanura" definió Azorín a estos campos de molinos, cerros, casas de primera comunión y buenos alimentos de la tierra. Algunos de aquellos gigantes rondan los quinientos años y su maquinaria todavía es capaz de mover ruedas de piedra y moler granos. Son diez los altivos personajes blancos de cuatro brazos que dominan la cuna de Sara Montiel: Sardinero, Culebrero, Lagarto, Pilón, Burleta, Infante, Poyatos, Quimera, Cariari e Inca Garcilaso. Casi todos muestran la riqueza etnológica y la sensibilidad de sus artistas. Museos del vino, de labranza, de pintura, de la primera época del cine -Enrique Alarcón y Sarita Montiel- que enseñan la rueda catalina, el lechinal, la piedra bóllega o la linterna, partes de una maquinaria que necesita setenta y cinco piezas para que el viento convierta en harina lo que la tierra transformó en espiga.

En el pueblo encontró el maestro Azorín a un grupo de vecinos, de amigos, llamados "los Sanchos de Criptana", herederos del "espíritu práctico, bondadoso y agudo del sin par Sancho Panza". Llegó un viernes de cuaresma coincidiendo con la romería al santuario del Cristo de Villajos, modesto templo con talla románica de la Virgen y el Niño. Entre "los anchurosos corrales manchegos" y "las casas blanqueadas, con las puertas azules" -descripción que se mantiene- se puede realizar un circuito monumental con paradas en las distintas ermitas de la localidad, en la Casa de los Tres Cielos, típica vivienda-cueva de frescos veranos; el Pósito, granero jubilado y
cotarro -viejo refugio de pobres- ahora rehabilitado; la Casa Consistorial, de principios de siglo, y los templos de la Asunción y del convento del Carmen. A la salida, de camino a Pedro Muñoz, se encuentra el mirador de la ermita del Criptana, en el cerro de la Virgen. Fenomenal observatorio de la "Castilla visionaria y soñolienta / de llanuras, viñedos y molinos" que viera Antonio Machado y dedicara a su amigo Azorín por la publicación de su obra Castilla.

La ruta despide las calles de Campo de Criptana y abandona las tierras de Ciudad Real entrando en las de la vecina Toledo con la vista puesta en El Toboso. Cuando hace casi un siglo llegó en carro a este lugar, Azorín vio un pueblo decadente según sus palabras: "ahora no es ya ni la sombra de lo que fue en aquellos tiempos. Las casas que se hunden no tornan a ser edificadas; los moradores emigran a los pueblos cercanos" y hasta la casa de doña Aldonza Zarzo de Morales, la amada Dulcinea, había desaparecido. Los protagonistas de aquella y esta historia, don Quijote y Sancho, aparecieron en El Toboso a medianoche, cuando "sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida" y "de cuando en cuando rebuznaba un jumento, gruñían puercos, (y) mayaban gatos". Andaban buscando el palacio o alcázar de Dulcinea y con tanta sombra se toparon con la parroquia: "con la iglesia hemos dado, Sancho". El templo de San Antonio Abad es de finales del XV, un ejemplo de gótico agonizante de buenas columnas y gran fábrica situado en la plaza, en ese "anchuroso espacio solitario" como llamó Azorín al principal escenario de El Toboso, dedicado a distribuir la vida y los movimientos de sus gentes. Otros rincones de interés son el convento de Trinitarias Recoletas, de estructura rectangular del XVll y gustos herrerianos y barrocos; la portada renacentista de la capilla del convento de Franciscanas y el jardín de palmeras de don Federico, todo unido; la Casa-museo de Dulcinea, típico caserón manchego que alberga una colección de útiles de labranza y campesinos, y el Centro Cervantino, exposición permanente de textos y ediciones de todo tipo del Quijote. Las citas, las palabras y la memoria de la obra de Cervantes adornan espacios y muros de la localidad, punto y final de los paseos de nuestro particular narrador.

COMER Y DORMIR
Alcázar de San Juan. Hotel-Restaurante Aldonza: 926-54 15 54. Hotel-Restaurante Ercilla Don Quijote: 926-54 38 00. Restaurante La Mancha: 926-54 10 47. Restaurante Sancho: 926-54 50 00. Campo de Criptana. Hotel-Restaurante Santa Ana: 926-56 17 02. Hostal Sancho: 926-56 00 12. El Toboso. Restaurante Don Quijote: 925-19 73 98. Restaurante Hermanos Martínez: 925-19 73 11. Puerto Lapice. Hotel-Restaurante Aprisco: 926-57 61 50. Restaurante Venta del Quijote: 926-57 61 10.

VISITAS
Alcázar de San Juan. Museo municipal: mosaicos romanos y pintura del XlX. Abierto de martes a sábado de 12-14 y 19-21h. Tfno: 926-54 66 56. El Toboso. Casa de Dulcinea: abierta de martes a sábado de 10 a 14h. y de 16 a 18:30h. Domingos de 10 a 14h. Centro Cervantino: abierto de martes a viernes de 12 a 14h. Sábados y domingos de 11 a14h. y de 16 a 18h. Puerto Lápice. Venta del Quijote: abierta de 8:30 hasta última hora de la noche.

FICHA VERDE
Aunque parezca mentira el principal sistema de zonas húmedas del país se encuentra en la Mancha. Junto a los ya famosos espacios de las Tablas de Daimiel y Lagunas de Ruidera merece la pena conocer el amplio inventario de lagunas repartidas por los términos de Villafranca de los Caballeros, Villacañas, Alcázar de San Juan, Miguel Esteban, Pedro Muñoz y Mota del Cuervo. El nivel de información y señalización es muy desigual y en muchos casos resulta difícil la localización de los humedales más apartados de los caminos principales. En estos casos los mejores lugares de consulta hay que buscarlos en los pueblos.
FAUNA: Garza imperial, Avoceta, Patos cuchara y colorado. Zampullín, Focha común, Tarro blanco, Anade rabudo, Chorlitejo patinegro, Pagaza piconegra, Ganga común, Aguilucho lagunero, Gaviota reidora y Avutarda.
FLORA: Taray, Salicornia, Plantago, Juncal, Almarjal, Sapina, Carrizo, Albardín y Espadaña.
VISITAS OBLIGADAS: Laguna grande de Villafranca: cerca del pueblo, por la ctra. de Quero. Laguna de Pedro Muñoz: entre el cementerio y la ctra. de Quintanar. Laguna de Manjavacas: ctra. de Mota del Cuervo a la ermita de Manjavacas.

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Imágenes descargadas de http://manchavia.com. Fotos de las lagunas de Villafranca: antonioreal.com y madridejos.net. Dibujos: maristasgranadas

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