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PUNTO DE ENCUENTRO ENTRE DOS CONTINENTES

Por Alberto Rumschisky

Fotos: Javier Leralta


En los últimos cinco años se ha quintuplicado en Melilla el empleo derivado del turismo. Es que hay mucho que ver y que descubrir en esta Ciudad Autónoma, a la que más de cinco siglos de presencia española han hecho un punto de unión entre dos continentes, en el que se encuentra hoy un verdadero tesoro histórico, religioso y modernista. Este enclave de España y Europa en el norte de África, bañado por el Mediterráneo, ha sido justamente calificado como “singular museo arquitectónico”, donde han dejado su legado artístico fenicios, romanos, vándalos, bizantinos y árabes. Y para completar la singularidad de Melilla, la ciudad tiene más de 900 edificios modernistas y de estilo art déco, que la convierten en una de las urbes más bellas de África y la posicionan, junto con Barcelona y Bruselas, a la cabeza de las ciudades europeas más modernistas.

Vista de Melilla desde la puerta de Santiago

Siguiendo una ruta cronológica, la visión turística de Melilla comienza en “Melilla la Vieja”, un monumental conjunto histórico amurallado, también llamado “el Pueblo” y “la Ciudadela” y que ha sido declarado “Conjunto Histórico Artístico”. Son cuatro recintos fortificados, de los siglos XV a XVII, separados por fosos, edificados sobre la antigua ciudad, en un peñón que se interna en el Mediterráneo. Destacan especialmente la Torre de la Alafia, la Capilla de Santiago (única capilla gótica existente en toda África), el Foso de Hornabeque, los Almacenes y Aljibes de las Peñuelas, el Baluarte y la Iglesia de la Concepción y los restos de la Ermita de la Victoria, que albergó la imagen de la patrona de Melilla. En el cuarto recinto (siglo XVIII), los Fuertes del Rosario y de las Victorias señalan el lugar desde donde se efectuaron los disparos de cañón que determinaron los límites actuales de la Ciudad Autónoma. Y en el primer recinto, levantado durante la transición de la Edad Media al Renacimiento, además de bellos edificios civiles y religiosos, hay dos interesantes museos, uno de arqueología, y otro de historia militar.

Entre esa vieja Melilla y la ciudad modernista se encuentra la Melilla del siglo XIX, creada para reforzar la seguridad del lugar, siempre alerta ante posibles ataques a raíz de la llamada “Guerra de Margallo” (1893), que derivaron en la construcción de los fuertes que hoy se consideran como un “quinto recinto”. Están edificados en estilo medieval (los hay de planta circular y pentagonal); se conservan ocho de ellos, destacando el de “Camellos”, el de “Cabrerizas”, actualmente en el interior del acuartelamiento de la Legión, y sobre todo el de “Rostrogordo”, un pentágono irregular rodeado por un foso y que ahora alberga un complejo turístico y de ocio.

Se dice, con verdad, que sólo en Melilla es posible caminar entre gentes tan diversas, unos con rasgos hindúes, romanís o hebreos, y otros llevando típicos vestidos bereberes o chilabas árabes

La Melilla modernista

Pero Melilla tiene otro merecido título: el de “Joya del Modernismo”, que le confieren la cantidad y diversidad de edificios modernistas y de art déco, fruto de la influencia de arquitectos como el catalán Enrique Nieto. Esas construcciones se hallan por toda la ciudad, y en especial en el “Triángulo de Oro”, zona comercial de animado ambiente. En el centro melillense está la Plaza de España, amplio espacio circular presidido por el Palacio de la Asamblea, típico del art déco, diseñado por Nieto y cuya planta representa una corona ducal. Otras muestras del patrimonio modernista son el Casino Militar, el Banco de España y el Cine Monumental; y no debe dejarse de ver la Plaza de Toros, donde destaca la decoración de estilo barroco. El contraste está sólo a pocos metros de allí: es el Mercado Central, que ofrece la magia y el exotismo de un zoco africano, y vuelve a traernos la realidad de que estamos en un nexo de unión entre dos continentes.

La Ciudad de las Cuatro Culturas

La diversidad melillense le ha merecido muchos calificativos, y muy especialmente el de la “Ciudad de las Cuatro Culturas”. Porque entre sus 70.000 habitantes conviven la cultura cristiana, la musulmana, la judía, y la romaní, a las que últimamente se ha agregado una quinta: la pequeña Melilla hindú. Viven todos en perfecta armonía, y ofrecen una excepcional variedad de contrastes, conformando una ruta por los edificios religiosos: la iglesia neorrománica del Sagrado Corazón, la Mezquita Central del Polígono (otra obra de Enrique Nieto), la bella Sinagoga de Or Zaruah (Luz Santa), y el Oratorio Hindú. Se dice, con verdad, que sólo en Melilla es posible caminar entre gentes tan diversas, unos con rasgos hindúes, romanís o hebreos, y otros llevando típicos vestidos bereberes o chilabas árabes.

Entre sus 70.000 habitantes conviven la cultura cristiana, la musulmana, la judía y la romaní

El mestizaje cultural no podía evitar dejar su sabrosa huella en la gastronomía de Melilla, con su diversidad de sabores. Como era de esperar, predominan los mariscos y pescados, preparados en frituras exquisitas. Pero en la cocina regional está también presente la influencia árabe, con el tradicional empleo de las especias. Vale la pena comprobarlo con un “pincho melillense” acompañado del té de hierbabuena. El excelente clima del enclave, con una temperatura media de 18º, perfecto para los deportes acuáticos y las actividades al aire libre, y la condición de “territorio franco”, ideal para las compras, completan el marco de un “paraíso por descubrir”.

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